La empatía de ficción (I)

Aquel que encuentre este blog (cuéntame cómo porque estoy francamente sorprendido) puede que ya sepa que es la disforia. O puede que no. En todo caso dudo que sepa nadie a que viene lo de disforia ancestral, más que nada porque me lo he sacado de la manga, elegido entre otros posibles títulos para el blog, a cada cual peor.

Procedo a explicaros que es eso de disforia. Este término se refiere generalmente a  una emoción desagradable o molesta, como pueden ser la tristeza o la ansiedad. Es el opuesto a la euforia, término con el que estaréis más familiarizados.

También es notable su presencia en todo tipo de trastornos psíquicos, aunque no hace falta padecer uno para sentir un estado disfórico. De hecho podemos asegurar que no hay persona en este planeta que no haya sentido los efectos de alguna emoción disfórica. Y he aquí lo que me interesa del concepto, pues no todo es negativo en lo que a emociones disfóricas se refiere.

Normalmente, podemos intuir como se siente el otro gracias a sus expresiones faciales, entre otras cosas.

Normalmente, podemos intuir como se siente el otro gracias a sus expresiones faciales, entre otras cosas.

Pensemos en las veces que hemos presenciado como otra persona se sentía triste, o tenía miedo. La mayoría de nosotros al momento nos sentimos también mal, vemos reflejado ese sufrimiento en nosotros, al menos si se trata de una persona que nos importe. Como ya sabréis todo tiene que ver con un proceso llamada empatía, que se define como la capacidad para percibir lo que otro individuo siente en un contexto determinado.

La empatía tiene evidentemente su función. Se trata de un poderoso mecanismo que nos cohesiona como grupo. Las sociedades humanas jamás hubieran existido tal y como las conocemos si no hubiera sido por la empatía. Con ella, nos solidarizamos con el prójimo, haciendo de su problema nuestros problemas.

Bien, hasta aquí todo claro, pero ahora añadiremos un nivel más de complejidad. Nuestra sociedad se ha convertido poco a poco en una sociedad comunicada tecnológicamente, lo cual nos lleva a dos efectos curiosos, aunque hoy sólo hablaremos de uno de ellos. El primero es, que al estar comunidades globalmente, podemos empatizar con individuos al otro lado del globo terráqueo. Esto nos pasa cuando vemos catástrofes en la televisión, o se nos recuerda la situación en las zonas más desfavorecidas del mundo.

Pero por si esto fuera poco, ocurre otro fenómeno derivado de la empatía, que si lo pensamos fríamente, resulta de lo más extraño: hablo de la empatía por personajes ficticios.

A la hora de la verdad, resulta que nuestra mente está tan preparada para ello, que sentimos lo que los otros podrían sentir incluso en casos en que somos conscientes de que en realidad ni siquiera existen.  Algunos ejemplos archiconocidos:

Algunos buenos y malos recuerdos.

Y esto nos lleva a esas veces en que odiamos o amamos a personajes de ficción con intensidad tan grande que llegamos a veces a enfadarnos con quienes no piensan como nosotros. En lo que respecta a nuestra percepción emocional, hay personajes ficcticios que son más reales que algunas personas de verdad. Y ese es uno de los temas que voy a ir tratando poco a poco en este blog. Será un pequeño experimento, a ver a donde nos lleva.

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