Leo Kanner y las madres nevera

Corría el año 1943 y Leo Kanner, un psiquiatra austríaco, describía a los afectados por el autismo como individuos que apenas se relacionan con sus semejantes, ensimismados y aislados emocionalmente. Aunque no fue el primero en darse cuenta de que algunos niños sufrían estos síntomas, si que tuvo el honor de ser el primero en diferenciarlos de la esquizofrenia. Bien, hurra por Kanner, ¿no? Pues como siempre, si y no.

Resulta que Kanner, para encontrar una génesis al autismo que no dependiera de la esquizofrenia, se sacó de la manga una teoría llamada de las “madres nevera”, aunque el término en realidad lo acuñó Bruno Bettelheim.

¿Las madres nevera producen hijos cubito?Si, algo así era...

¿Las madres nevera producen hijos cubito? Si, algo así era…

Anteriormente a los trabajos de Kanner se creía que los niños que presentaban el antes mencionado cuadro de síntomas padecían un trastorno emocional o bien un retraso intelectivo. Gracias a él se empezó a identificar al autismo como un trastorno separado y en realidad muchos de sus descubrimientos siguen vigentes a día de hoy.

Y ahora que ya he reconocido el gran impacto de sus aportaciones he de decir que no acertó en todo. Es más, parece que la lió bastante con el tema madres. En los primeros años de investigación del trastorno se describe como una afección emocional que se producía por una inadecuada relación afectiva entre el niño y sus padres. Se le llamó teoría de las madres nevera indicando la culpa de los progenitores al ser demasiado distantes, fríos, con su hijo/a. Concretamente parece que se le echaba la culpa a la madre, pues la idea imperante era que la crianza era cosa de ellas…

La teoría decía que este patrón de relación era lo que conducía al menor a desarrollar una personalidad anómala. El origen de la teoría reside en que Kanner la fundamentó en que sus pacientes venían de familias acomodadas, con padres con oficios tales como médicos, periodistas, artistas de éxito, etc. Kanner pensó que estos padres vivían demasiado ajetreadamente y enfrascados en sus profesiones como para tener tiempo para sus hijos.

Lo peor es que como ya hemos dicho la culpa recaía mayormente sobre las madres y se insistió largo tiempo en que estas mujeres no sabían como formar un vínculo de apego con los infantes. Por si no ha quedo claro, todo esto no se ha podido demostrar científicamente (pista: es falso!) y a partir del año 1963 se empieza a asociar el autismo con trastornos neurobiológicos… pero hoy en día aún permanece la teoría de las madres nevera en el “saber” popular.

¡Y eso que el propio Kanner vio en la década de los 50 que la teoría de las madres nevera no se sostenía! Se percató de que los hermanos de niños con autismo, criados con padres “fríos” no tenían normalmente problemas en su conducta y forma de relacionarse con los demás. Por ello escribió el libro “En defensa de las madres” donde intenta paliar el agravio provocado, aunque cabe recordar que el término “madres nevera” ni siquiera era suyo. De hecho ese es el problema, que Kanner supo aceptar su error, pero otros como Bettelheim siguieron blandiendo esta hipótesis (llamarla teoría se me antoja demasiado) pseudocientífica.

Bettelheim en toda su malignidad: Retrato al óleo.

Así que la próxima vez que oigáis a alguien decir sandeces de este calibre, ya tenéis datos suficientes para iluminarlos un poco.

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