La empatía de ficción (II): Matanza Animada

Hoy vuelvo para seguir hablando sobre las relaciones que creamos con personajes ficticios, más específicamente de cuando la vida de estos personajes llega a su fin. Pensando sobre el tema, estuve pensando en aquellos personajes de los cuales recordaba más intensamente sus muertes. Es curioso porque la mayoría de ejemplos que me venían a la cabeza eran personajes de animación, así que lógicamente mi primer pensamiento fue que las muertes de estos personajes, al ser presenciadas mayormente en la infancia, son recordadas mejor… Pues no voy a decir que no, pero el caso es que investigando un poco encontré investigación reciente al respecto y los resultados sorprenden.

Por ejemplo, os sorprenderá saber que mueren el doble de personajes en películas animadas que en películas con actores de carne y hueso. ¡Y son asesinados el triple! Obviamente esto es una generalización, así que algunas películas de ciertos géneros suelen mostrar muertes a diestro y siniestro, pero aún así en general hay más muerte en las películas de dibujos.

Mucho se ha recordado la muerte de la madre de Bambi, pero la verdad es que entre películas Disney y animaciones sobre superhéroes, los padres tienen pocas probabilidades de llegar vivos al final. Especial peligro corren las madres de los dibujos, sobretodo en las películas más recientes…

Como niño que creció en los 90, y muchos me comprenderéis, Bambi no es el mejor ejemplo que se me ocurre. Mucho mejor recuerdo por ejemplo a Mufasa cayendo hacia una mortal estampida de ñus. Esta escena es bastante más dramática y explícita que la de la madre de Bambi, ya que en este caso vemos al ejecutor realizando su acto homicida. E incluso siendo un poco más mayor, la escena se vuelve más horrible cuando “entiendes” los motivos por los que Scar actúa…. contra su propio hermano.

La conclusión a la que llegan los autores de una investigación llamada Cartoons Kill es que los largometrajes animados presentan una cantidad similar de violencia a un film adulto promedio. Contando que los niños más pequeños pasan unas 32 horas de media cada semana viendo productos audiovisuales, resulta que están expuestos a mucha más violencia de lo que creen muchos. Esto puede resultar ciertamente traumático, pero no en el sentido de que se conviertan en adultos llenos de miedos e inseguridades, si no en que se insensibilizan a la violencia y creamos adultos… Bueno, ya sabéis como somos la mayoría de adultos.

Violencia, violencia por todas partes!

Bien, no quiero ponerme dramático, así que hablemos mejor de la clase de personaje que mueren, por que es muy distinta. En dos de cada tres películas animadas muere un personaje relevante, en cambio en las películas de adultos los que mueren son más habitualmente personajes poco importantes. ¿Y quienes hay más importantes que los padres? Ellos son los que tienen la diana pintada en la frente en las películas de dibujos. Además tienden a morir pronto, sirviendo como vehículo narrativo para la madurez del personaje. Ahí tenemos a los padres de Tarzán, o a la madre de Nemo (como ya hemos dicho, las madres corren especial peligro, pero de eso hablaremos otro día, pues hay mucho que rascar), en resumen los progenitores tienen cinco veces más posibilidades de no terminar la película en el mundo de la animación. Y ojo, que los padres no son los únicos que mueren más en estas películas, enemigos e incluso niños mueren más a menudo, mientras que en las películas para adultos la parca suele cebarse con el propio protagonista.

Por supuesto, seguro que a algunos les viene a la cabeza aquello de que los dibujos son cada vez más violentos…. ¡Error! El estudio concluye que el nivel de violencia se ha mantenido estable desde que en 1937 se estrenó Blancanieves.

Electrocutada, lanzada por un barranco y aplastada. Walt era más severo que un jurado de Texas.

Sin embargo, pese a todo lo negativo que he dicho, me gusta pensar que en las películas más elaboradas, la muerte es un recurso narrativo tan usado debido a su potencia. El impacto psicológico es tremendo, ya que primero nos hace querer a los personajes y luego nos los arrebata. Crea un sentimiento de pérdida que nos ayuda a empatizar con los personajes que han sufrido esa pérdida, normalmente los protagonistas. Por ello creo que el patrón se ha mantenido constante desde hace tantos años y creo que se mantendrá… excepto por algunos cambios que el dicho patrón está sufriendo últimamente. Pero de esto hablaremos otro día…

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