Escalofríos musicales

Estoy bastante seguro de que este fenómeno no necesito presentación. Me refiero como no, a aquellas ocasiones en que escuchas una canción, ya sea por primera o por enésima vez y por algún motivo un cosquilleo, un escalofrío, te recorre la piel. Por supuesto puede pasar no sólo con la música, si no con otras formas de arte y expresión, pero la música es un medio bastante proclive a producir este fenómeno.

Según la profesora Psyche Loui (con ese nombre estaba destinada al estudio de la mente, me parece) a esa sensación la podemos llamar con el nombre de “orgamo dérmico o de piel”. Este fenómeno, como ya hemos dicho sucede sobretodo en medios musicales debido a la capacidad para generar emociones intensas que tiene la música, pero Loui va mucho más allá por supuesto.

El principio por el que esto sucede nos dice que la música genera respuestas emocionales muy intensas y eso tiene como consecuencia, entre otras muchas cosas, la reacción física en forma de escalofrío de la que hablamos. Por supuesto, no hay un género o estilo musical idóneo, así que cualquiera que sea vuestro gusto os puede suceder.

El porqué esto le sucede con más asiduidad a unas personas que a otras no tiene que ver con la música en si, sino más bien con las conexiones más o menos fuertes de las áreas del cerebro que procesan los estímulos sonoros y las emociones. Según los estudios de Loui, existe relación entre nuestra percepción musical y la empatía que somos capaces de tener con los demás, siendo este quizás el motivo de que la música sea un elemento central en todas las culturas del mundo. Por lo tanto, podemos decir que creamos música para comunicarnos emocionalmente con los demás, siendo la música, junto con otros tipos de expresión artística, herramientas muy útiles en este aspecto.

La música es capaz de expresar emociones de una manera mucho más intensa que otros medios. Aunque la toquen peces.

Loui, al igual que otros expertos en la materia, cree que la creatividad es un rasgo que distingue al ser humano del resto de animales haciendo que el arte sea a su vez un elemento que define nuestra especie, aunque luego a cada uno nos afecte de una manera distinta.

Finalmente, sus trabajos hablan sobre la sinestesia, un curiosísimo fenómeno donde el sujeto mezcla los sentidos y puede saborear o ver la música, entre otras cosas. Pero de este tema os hablaré otro día.

Anuncios

Señores con capa que vuelan ¿Por qué nos gustan los superhéroes?

Una de las cosas que marcaron mi infancia y que aún hoy día siguen bastante presentes en mi vida son los cómics de todo tipo. Hoy vengo a hablaros del género superheroico. Hay una cosa que siempre me ha llamado la atención de las historias de superhéroes: ¡Son totalmente ridículas!

No hay otra forma de describir historias sobre personas que ganan poderes al sufrir un accidente, visten con mallas coloridas, calzoncillos por fuera y aún así se hacen respetar.

Si esto no es ridículo yo soy Godzilla.

Y aún así leemos estas historias, o las vemos en la pantalla. ¡Y las disfrutamos! Creo que debe haber una buena razón para ello. En primer lugar está claro que no todos somos lectores de estos cómics y es que para poder serlo creo que debemos estar libres de prejuicios y entender que los cómics pueden llegar a ser bastante serios y con historias excelentemente contadas. Pero todo esto de por sí no parece justificar la horda de lectores que tienen algunos de estos personajes.

Bien, es posible argumentar que las historias de cada personaje son distintas y tienen así mismo un tono diferente, pero también tendréis que admitir que tienen todas ellas algo en común y en mi opinión es ese algo lo que las hace tan populares.

Estoy hablando de la sencillez. ¿Sencillez? os preguntaréis. Pues si, aunque si intentamos hacer una cronología de los eventos de uno sólo de los personajes de una de las grandes compañías nos daremos cuenta de que estos personajes dan más vueltas que un yoyó, en realidad las historias son simples. Simples en comparación al mundo real.

Mejor me explico. Imaginemos alguien “malvado” en el mundo real. Puede ser un traficante de droga, un esclavista, un político corrupto, un asesino en serie… Gente que si te la cruzaras por la calle, seguramente no destacarían (a no ser que sea famoso claro!) entre el resto de viandantes. En cambio los malvados de cómic tienen otro aspecto normalmente…

Ciertamente no es tan distinto de un político.

Para resumir, los villanos de cómic, suelen ser personajes megalómanos, desquiciados, crueles y con planes de conquista mundial. Y se les reconoce fácilmente. Lo mismo pasa con los héroes, supongo que los estadounidenses saben que el tipo que lleva su bandera por traje debe estar de su parte.

Una vez más, se puede argumentar (lo sé) que esto no es siempre así, y esto se debe a que con el paso de los años los guionistas se han visto obligados a elaborar cada más sus tramas para que agraden al público. Pero aún así casi siempre el héroe gana, el villano pierde. Y si, a veces ocurre al revés, pero todos sabemos que cuando spiderman muere sólo hemos de esperar unos cuantos números para que vuelva.

Al final todo queda de la siguiente forma, Lex Luthor no se sale con la suya, el villano se lleva una tunda de Hulk, etc. Decidme cuando fue la última vez que eso pasó en la vida real.

Así que no es sólo que la sencillez se aplique al alineamiento moral de los personajes, si no que la resolución suele ser también directa. No hace falta un juicio, el alien invasor ya ha sido rechazado por Superman.

Otro factor importante es por supuesto la fantasía inalcanzable de los cómics. Estoy seguro de que si habéis leído cómics de superhéroes más de una vez habéis tenido con vuestros amigos una conversación similar a esta:

-¿Si fueras un personaje de cómic, qué poder tendrías?

-¿Y cómo lo usarías?

Y la respuesta dirá mucho de quién responde por cierto. El caso es que creo que todos podemos coincidir en que un mundo donde la gente vuela es más interesante que uno donde todos hemos de andar. Resulta más sencillo vivir en un lugar donde sabes que el tío de la capa está de tu parte, un lugar donde a pesar de que las catástrofes suceden cada cinco minutos, sabes que hay gente buena de verdad.

Todo esto se aplica sobretodo a ciertos personajes… espero poder hablaros de alguno de ellos en breve.

Alerta ¡Que viene el Blue Monday!

Llevamos unos días que parece que pasa de todo. Los medios de información debieran estar saturados, pero parece que no es el caso. He visto en diversos medios como se iba repitiendo una “noticia”. Aquí os dejo un link a la web del periódico 20minutos, aunque lo he visto en muchos más sitios, telediarios de cadenas grandes inclusive. No digo lo de cadenas grandes porque crea que tienen más credibilidad, sino porque llegan a muchos espectadores y me da rabia como hacen creer a la gente sus patrañas.

Analicemos la noticia del link, pues miremos donde miremos nos dice algo similar. Según Cliff Arnall, el tercer Lunes del mes de Enero es el día más deprimente del año y así nos lo dijo hace una década. Bien, supongo que es creíble si pensamos que nuestra sociedad se rige por un calendario anual con fiestas y demás, pero decir que hay un día universal más allá de la cultura de cada uno, parece un poco excesivo. Aún así, continuemos…

Nos dicen también que a esta conclusión se llega mediante en análisis de factores climatológicos, económicos y motivacionales. Bien, estos factores cambian cada año, y las motivaciones hasta cambian entre personas, aún así supongo que mientras hablemos de tendencias no hay problema…

A continuación nos muestran una fórmula, cosa que desde luego muestra su rigor científico ¿no?

\frac{[Ta+ D-d] T^Q}{M N_a}

En esta fórmula, Ta=Tiempo atmosférico, d= deuda, T=tiempo pasado desde navidades, Q=tiempo pasado desde que hemos abandonado los propósitos de año nuevo, M=Motivación baja, Na=Necesidad de hacer algo.

En estos momentos es cuando cojo la pantalla del ordenador y la tiro por la ventana.

No sólo es que asignar números a ojo al tiempo atmosférico sea cuestionable, es que por ejemplo ahora mismo la gente tiene problemas económicos desde antes de navidades, por no hablar de que Q y T alcanzarían su máximo esplendor a final de año, no al principio. La “necesidad de hacer algo” como concepto suena algo ambiguo, pero vamos que le concederemos esta al autor, junto a los niveles de motivación como buenas, ya que se supone que es un experto en la materia. Eso si, en ningún lugar he encontrado que es “D”, y es que es un valor aleatorio sacada de la manga y sin explicación ninguna. Lo mismo que la colocación de los valores en la fórmula, que no parece obedecer a un criterio más allá de “al autor le pareció bien así”.

Por último, parecen rematar la faena dando consejos sobre como superar estos días del año… ¡y ojo! Es que en esto no estoy desacuerdo, pues son unas fechas duras para muchos, pero es que decir que durante el mes de Enero mucha gente se deprime no es lo mismo que decir que un día específico es el más deprimente del año.

Bien, vemos que algo aquí no cuadra… Veamos que dicen los expertos en la materia.

“El hecho es que las ecuaciones de Cliff Arnall… no consiguen tener ningún sentido matemáticamente hablando, ni siquiera en sus propios términos” Ben Goldacre, médico y divulgador científico.

“La fórmula de Arnall es ridícula, con mediciones descabelladas. El Blue Monday es anticientífico, pseudociencia…uberpseudociencia!” Dean Burnet, doctor en Neurociencia.

De hecho, tan solo hay que ir donde ya sabéis…

La fuente de todo conocimiento!

…para encontrar la verdadera historia tras esta pantomima. La wikipedia, a parte de informarnos en sus primeras líneas de que se trata pseudociencia y de un hazmereír en la comunidad científica, nos dice además de que tiene su origen en una campaña publicitaria de Sky Travel… y ahora todo empieza a tener sentido.

El “estudio” fue publicado bajo el nombre de Cliff Arnall, quien ejercía en la universidad de Cardiff por aquel entonces. Parece ser que para que tal cosa fuera posible, se le pagó una buena suma al tal Arnall. Curiosamente este señor dejó la universidad precipitadamente poco después de la susodicha maniobra publicitaria. Se me ocurren dos cosas, o se fue de viaje a México con el dinero ganado o la universidad se lo quitó de encima como una vaca espanta las moscas…

Así que ya sabéis, alegraos pues el día 19 de Enero será un día como cualquier otro. Deprimente sólo si vosotros dejáis que lo sea!

Sobreanálisis II: Aladdín y los oscuros deseos de Disney.

En estas fechas navideñas seguro que muchos habéis visto más de una película infantil, ya sea con los pequeños de la familia para ver como las disfrutan o vosotros mismos por nostalgia (y por que aún ha día de hoy nos encantan, no lo neguemos). Yo hace poco vi por enésima vez Aladdin, la de Disney.

Antes que nada esta entrada y otras futuras que serán similares necesitan quizás una pequeña explicación para que no me odiéis. Cuando veo una película o serie, leo un libro o similar, me pueden pasar dos cosas:

Opción a) No me gusta, así que la pongo a caldo, le saco todos los fallos argumentales posibles, gazapos, inconsistencias y otros fallos en general.

Opción b) Me encanta, así que la pongo a caldo, le saco todos los fallos argumentales posibles, gazapos, inconsistencias y otros fallos en general.

Como veis, cuando rebusco en el argumento de una película y saco a relucir todo lo que me parece malo de la misma, no es que no me guste. Es más, lo hago incluso más a menudo con las que me gustan de verdad porque al verlas una y otra vez no puedo evitar analizar hasta el más ínfimo detalle. Este es el caso de Aladdín, película que debo haber visto unas cincuenta veces, y claro, uno no puede evitar fijarse en ciertas cosas.

Como por ejemplo las evidentes diferencias entre Aladdin y el resto de varones en la película.

Obviamente lo que la princesa quería era besar a alguien que no rascase.

Obviamente lo que la princesa quería era besar a alguien que no rascase.

Me parece cuanto menos curioso que justo un año después de estrenar La Bella y la Bestia, cuya moraleja era en teoría aquello de la belleza está en el interior, nos encontremos con otra película que nos presenta como protagonista al único varón que no es una caricatura árabe. Voy a explicar un poco lo que me pasa por la cabeza cuando os digo esto… En primer lugar, al ser Aladdin el único que no es una caricatura exagerada, también es el único del filme que parece ciertamente atractivo. Y justo coincide que es el único que no representa un estereotipo árabe en ningún aspecto. De hecho, quizás no lo sabéis pero hubo bastante movida en su día por culpa de este tema, debido a quejas de la American-Arab Anti-Discrimination Committee, llegándose a cambiar algunas letras de canciones y todo, debido a que fueron consideradas como insultantes para el colectivo árabe.

En resumidas cuentas, a mi parecer la cosa queda así. Hombres con barba o perilla, equivalen a sanguinarios, malvados, mandones, crueles. Hombres sin barba, además suelen tener grandes ojos, sonrisa profident y harán todo lo que sea por su amor verdadero…

Bueno, no exactamente. Esa es otra cosa que me mosquea, Aladdin y Jasmine se embarcan en un romance cuanto menos desigual. Me explico, ella se escapa de una vida de opresión que su padre intenta compensar con una mascota tigre, posiblemente castrado. Al salir fuera, conoce a Aladdin, quién le salva la vida (o la mano al menos) y los dos aparentemente se enamoran (lo llamaremos amor en pro de mantener el tono de película infantil). Más tarde, tras separarse y ella darlo por muerto, se reencuentran y ella es engañada para creer que el príncipe Alí se disfraza de pobre (en una ciudad ajena además) para alejarse de los ajetreos de palacio. El amor surge entre ambos, y por parte de ella es comprensible ya que ha encontrado a alguien que comparte sus exactas inquietudes… uno no encuentra a su alma gemela todos los días.

¡El problema es que era mentira! Aladdin miente cual bellaco para que la princesa siga  a su lado. Y además en el proceso acaba mintiendo al genio, pues estaba decidido a liberarlo y luego se desdice (aunque por suerte salva la dignidad ante el espectador rectificando esto un segundo antes de que Yafar se apodere de la lámpara). El caso es que cuando Yafar es eliminado, Aladdin es premiado por valentía y todo el mundo olvida las mentiras que lo llevaron hasta palacio. Jasmine parece dispuesta a perdonarlo con mucha facilidad ¿no?

Supongo que me diréis que Aladdin es un muchacho de gran corazón y que entre ellos hay amor del bueno, y Jasmine lo sabe. Bien, puede que ella lo sepa, pero a mi no me queda nada claro. Pensemos ahora en la historia desde el punto de vista de él. Chico pobre conoce chica guapa, chico se siente atraído por chica. Chica resulta ser princesa, chico pobre pega el braguetazo de su vida.

Pensad por un momento en lo que conoce Aladdin de la princesa y veréis que es prácticamente nada. Sólo tienen una conversación en condiciones una vez él ya se ha infiltrado en palacio y se van de viaje en alfombra. Previamente a ese momento, él ya había urdido un plan son el genio para poder llegar hasta ella, pero… ¿recordáis que le dice al genio cuando la describe? Pues sólo menciona atributos físicos (sus ojos y su sonrisa, que estamos en una película infantil, so cafres). Y esto seguramente ocurre por que cuando se conocieron en el Bazar, ella apenas hablaba sobre sí misma (para ocultar quién era) y en los escasos momentos en que habla sobre si misma, Aladdin anda ocupado quejándose sobre sus propias penuarias…

Mi deducción a priori es que Aladdin se enamora quizás por unos motivos que no son los más apropiados, y que podría haberse enamorado de cualquiera… Hay unas cuantas escenas que dejan entrever esto, de las cuales la más exagerada seguramente sea la siguiente:

Ese incómodo momento en que te das cuenta de que estas besando un coloso de gas azul con pestañas postizas.

Ese incómodo momento en que te das cuenta de que estás besando un coloso de gas azul con pestañas postizas.

En resumen, esta mágica película nos enseña a desconfiar de los hombres con vello facial, que mentir está bien porque te perdonarán y que el amor verdadero es la primera persona que veas que te resulte atractiva.

Pero como no todo va a ser malo, he de decir que Disney hizo grandes cosas en esta película. Aladdin antepone los deseos del genio a los suyos propios, Jasmine termina pudiendo escoger que hacer con su vida, así que se casa con el pobretón, pero que tiene el corazón suficientemente grande como para dar la poca comida que tiene a quienes la necesitan aún más que él. A ver si con él en palacio la cosas cambian por que veo la riqueza de Agrabah muy mal repartida, y las leyes un pelín demasiado estrictas.

Cuando la obsesión ataca

Para muchos llegan unas fechas de alegría y jolgorio, en cambio para otros estas mismas fechas son motivo de mala leche y ganas de empezar a soltar mamporros.

Es la hora de… ¿los regalos?

Leyendo el otro día una interesante entrada de otro blog, acerca del lobo interior que a veces pugna por salir de nosotros, me vino a la cabeza la sensación de opresión social y las consecuentes ganas de agredir al prójimo que a veces nos asaltan, aunque por suerte como seres civilizados no solemos emplear la violencia como norma. A mi por ejemplo me entran ganas de zurrarles a los que ponen la música en su móvil a toda pastilla, ya sea en la calle, el bar o sobretodo en el tren. Se ve que desconocen el concepto auriculares.

Y como siempre me gusta irme a los extremos, os quiero hablar un poco de lo que pasa cuando nos ha tocado en suerte un cerebro que quiere que agredamos a los que nos rodean, lo cual por cierto puede pasarnos por muchos motivos, por ejemplo en ciertos tipos de Trastornos de la personalidad o en Trastornos mentales graves como ciertas esquizofrenias. Como siempre, no está de más recordar que antes de juzgar a alguien por su enfermedad es mejor primero entender su enfermedad y la propia persona.

Vale, ahora un pequeño experimento. Observad vuestro alrededor, sea vuestra habitación, la parada del bus o vuestra clase de pociones con Snape. Seguro que hay un montón de objetos, bolígrafos, el ratón del PC, una lámpara, una papelera, etc. Vale, lo más normal es que si veis un bolígrafo, aunque sabéis que potencialmente puede ser usado como arma, vuestro primer pensamiento será que sirve para escribir. Pero ahora imaginad que por alguna razón, alguna afección mental os impele a invertir esas ideas: vuestro primer pensamiento es que es un arma, y el segundo que sirve además para escribir. Lo mismo se aplica para el resto de objetos, el cable del ratón puede estrangular, una lámpara es una arma contundente bastante efectiva, etc. Imaginad como es vivir así, teniendo como primer pensamiento que todo es un arma. Y eso no es lo peor, si los objetos son armas… las personas son potenciales objetivos. Esto puede suceder por ejemplo si se sufre un TOC obsesivo puro y coincide con ideaciones violentas, pero estos pensamientos pueden ser generados por muchos otros trastornos.

¿Tenéis miedo? No deberíais. Al fin y al cabo está lleno de gente que por un motivo u otro podría actuar de forma violenta en cualquier motivo, y la gente que sufre uno de estos trastornos suele recibir ayuda… lo cual es un alivio, por que ¡Imaginad como debe ser vivirlo en tus propias carnes! Como siempre, las verdaderas víctimas son quienes sufren el trastorno, pues han de convivir con sus pensamientos, al menos hasta que encuentren un tratamiento verdaderamente efectivo.

Cabe decir, que por suerte la mayoría de quienes sufren síntomas similares, jamás llegan a cometer actos más violentos de los que cometemos el resto, no obstante esto no hace menos terrible el tener que convivir con esos pensamientos. De hecho, la mayor parte de los quienes acaban cometiendo un asesinato, por ejemplo, no tienen estas ideaciones, más bien es que cuando han querido agredir no se lo han pensado mucho y simplemente lo han hecho. Como veréis es un problema muy distinto.

Este artículo podría haberse titulado perfectamente “por qué psycho pass jamás funcionaría en la realidad”

Otro dato interesante en estos casos es que no siempre hay una expresión física del trastorno. Imaginad que sufrís todo el estrés anteriormente citado, pero que exteriormente no lo expresáis, al menos no más de lo que un sujeto típico expresa su estrés en una situación tensa, como una reunión de trabajo. os daréis cuenta de que por ello los demás os tratarán como a cualquier otro, lo cual en un principio está muy bien, pero…

Lo siento, parece que siempre hay “peros” para todo. Sabemos que la gente puede ser muy cruel, así que imaginad que sufrís una crisis de ansiedad en medio de una clase, por ejemplo. Imaginad que cómo no, vuestros compañeros detectan que “eres diferente” y empieza un metódico proceso de exclusión. Imaginad que como nadie ha detectado que os pasa exactamente no se os ha diagnosticado (reconoced que debe ser difícil contar que clase de pensamientos pasan por tu cabeza). En resumen tenemos un cóctel explosivo, peligroso sobretodo para el afectado.

A todo esto se añade normalmente la incomprensión de quién sufre el trastorno. De la misma forma en que es muy típico que alguien que sufra una depresión no sea consciente de la misma y por tanto no reciba tratamiento hasta que ya es demasiado tarde, es igualmente común que un sujeto que padezca los síntomas hasta ahora mencionados tampoco sepa que le sucede, no reciba tratamiento y pueda pasar cualquier cosa.

No son extraños los intentos de suicidio. Hemos de pensar en el efecto que tiene sobre el individuo no poder librarse de los pensamientos agresivos, que aunque no se lleven nunca a cabo, ahí están, siempre… Visto así no es difícil de entender que se tomen decisiones tan drásticas. Por ello es importante un diagnóstico temprano y certero, como siempre.

Por supuesto, hay varias maneras de enfocar el problema una vez tengamos un diagnostico. Una de ellas es la medicación, otra es la terapia cognitivo-conductual u otras para eliminar los pensamientos agresivos. Como siempre digo hay un lugar y momento para cada cosa, y un mal tratamiento puede hacer más mal que bien. Intentar eliminar las ideaciones agresivas puede acabar siendo muy perjudicial y además, imposible. Es como aquello de “No pienses en un elefante rosa”. Ups… Sin embargo si que es posible mantener un control sobre dichos pensamientos y minimizarlos.

¿Será normal que este sea el elefante rosa que me viene a mi a la cabeza?

Obviamente, en cada caso un tratamiento específico será el más adecuado, y eso nos lo tiene que indicar un especialista en la materia (cosa que por si alguien lo dudaba, no soy), pero en todos los casos hay un elemento que resulta necesario, el apoyo de nuestros allegados. Para ello es obvio que la gente debe saber que estamos pasando por un proceso difícil, pero resulta aún más obvio que es complicado explicar lo que es sufrir estos trastornos sin que haya malentendidos ni confusiones. Al fin y al cabo, decir “el otro día me vino a la cabeza que podría empujarte por la escalera” no parece la mejor de las ideas. Lo mejor es explicar las cosas como son, con todos los detalles que ayuden a que nos entiendan correctamente, así como aclarar las dudas que surjan. No es mala idea tampoco que nuestros padres, pareja, etc, nos acompañen al psiquiatra o terapeuta para que sea allí mismo le aclaren los detalles de que nos está pasando.

Por último, no quiero desalentaros pero los trastornos hasta aquí mencionados no tienen una “cura” definitiva. Nuestro objetivo será paliar sus síntomas, minimizarlos, pero nunca nos libraremos del todo de ellos. Tener una idea realista de lo que el tratamiento puede o no puede hacer es importante. Por ejemplo, las ideaciones recurrentes no suelen desaparecer del todo, si no que tienden a cambiar su forma. Imaginad que nos libramos de los pensamientos homicidas… puede que se vean transformados en otros de carácter sexual. El objetivo de la terapia será buscar un punto en que podamos convivir con la clase de pensamientos que nos sobrevienen, pero teniendo siempre en cuenta que no llegaremos a un punto que en que podamos olvidarnos del tratamiento. Algunos de los momentos en que suelen intensificarse los pensamientos obsesivos es cuando nos vemos sometidos a períodos de gran estrés, como cuando nos mudamos, tenemos un trabajo nuevo, exámenes, etc. Saber que en esos momentos eres especialmente vulnerable es una ventaja una vez has aprendido a combatirlos.

No puedo despedirme sin aclarar una cosa sobre las ideas obsesivas… pueden llegar a ser extremadamente intrusivas. Puede que te venga a la cabeza darle una patada a tu perro al que adoras, o puede que te asalte un miedo intenso a que te abduzca u OVNI a pesar de que racionalmente no crees en ellos. Gran parte de su peligro es ese, no importa lo que absurdo que sea, la idea salta a tu mente y ya está. Por suerte una vez que aprendemos a convivir con ellas, las ideas persisten, pero dejan de ser tan recurrentes y no nos amedrentamos ante ellas. No os rindáis, ni dejéis que el hombre lobo que tenemos todos dentro pueda con vosotros.

La empatía de ficción (II): Matanza Animada

Hoy vuelvo para seguir hablando sobre las relaciones que creamos con personajes ficticios, más específicamente de cuando la vida de estos personajes llega a su fin. Pensando sobre el tema, estuve pensando en aquellos personajes de los cuales recordaba más intensamente sus muertes. Es curioso porque la mayoría de ejemplos que me venían a la cabeza eran personajes de animación, así que lógicamente mi primer pensamiento fue que las muertes de estos personajes, al ser presenciadas mayormente en la infancia, son recordadas mejor… Pues no voy a decir que no, pero el caso es que investigando un poco encontré investigación reciente al respecto y los resultados sorprenden.

Por ejemplo, os sorprenderá saber que mueren el doble de personajes en películas animadas que en películas con actores de carne y hueso. ¡Y son asesinados el triple! Obviamente esto es una generalización, así que algunas películas de ciertos géneros suelen mostrar muertes a diestro y siniestro, pero aún así en general hay más muerte en las películas de dibujos.

Mucho se ha recordado la muerte de la madre de Bambi, pero la verdad es que entre películas Disney y animaciones sobre superhéroes, los padres tienen pocas probabilidades de llegar vivos al final. Especial peligro corren las madres de los dibujos, sobretodo en las películas más recientes…

Como niño que creció en los 90, y muchos me comprenderéis, Bambi no es el mejor ejemplo que se me ocurre. Mucho mejor recuerdo por ejemplo a Mufasa cayendo hacia una mortal estampida de ñus. Esta escena es bastante más dramática y explícita que la de la madre de Bambi, ya que en este caso vemos al ejecutor realizando su acto homicida. E incluso siendo un poco más mayor, la escena se vuelve más horrible cuando “entiendes” los motivos por los que Scar actúa…. contra su propio hermano.

La conclusión a la que llegan los autores de una investigación llamada Cartoons Kill es que los largometrajes animados presentan una cantidad similar de violencia a un film adulto promedio. Contando que los niños más pequeños pasan unas 32 horas de media cada semana viendo productos audiovisuales, resulta que están expuestos a mucha más violencia de lo que creen muchos. Esto puede resultar ciertamente traumático, pero no en el sentido de que se conviertan en adultos llenos de miedos e inseguridades, si no en que se insensibilizan a la violencia y creamos adultos… Bueno, ya sabéis como somos la mayoría de adultos.

Violencia, violencia por todas partes!

Bien, no quiero ponerme dramático, así que hablemos mejor de la clase de personaje que mueren, por que es muy distinta. En dos de cada tres películas animadas muere un personaje relevante, en cambio en las películas de adultos los que mueren son más habitualmente personajes poco importantes. ¿Y quienes hay más importantes que los padres? Ellos son los que tienen la diana pintada en la frente en las películas de dibujos. Además tienden a morir pronto, sirviendo como vehículo narrativo para la madurez del personaje. Ahí tenemos a los padres de Tarzán, o a la madre de Nemo (como ya hemos dicho, las madres corren especial peligro, pero de eso hablaremos otro día, pues hay mucho que rascar), en resumen los progenitores tienen cinco veces más posibilidades de no terminar la película en el mundo de la animación. Y ojo, que los padres no son los únicos que mueren más en estas películas, enemigos e incluso niños mueren más a menudo, mientras que en las películas para adultos la parca suele cebarse con el propio protagonista.

Por supuesto, seguro que a algunos les viene a la cabeza aquello de que los dibujos son cada vez más violentos…. ¡Error! El estudio concluye que el nivel de violencia se ha mantenido estable desde que en 1937 se estrenó Blancanieves.

Electrocutada, lanzada por un barranco y aplastada. Walt era más severo que un jurado de Texas.

Sin embargo, pese a todo lo negativo que he dicho, me gusta pensar que en las películas más elaboradas, la muerte es un recurso narrativo tan usado debido a su potencia. El impacto psicológico es tremendo, ya que primero nos hace querer a los personajes y luego nos los arrebata. Crea un sentimiento de pérdida que nos ayuda a empatizar con los personajes que han sufrido esa pérdida, normalmente los protagonistas. Por ello creo que el patrón se ha mantenido constante desde hace tantos años y creo que se mantendrá… excepto por algunos cambios que el dicho patrón está sufriendo últimamente. Pero de esto hablaremos otro día…

Leo Kanner y las madres nevera

Corría el año 1943 y Leo Kanner, un psiquiatra austríaco, describía a los afectados por el autismo como individuos que apenas se relacionan con sus semejantes, ensimismados y aislados emocionalmente. Aunque no fue el primero en darse cuenta de que algunos niños sufrían estos síntomas, si que tuvo el honor de ser el primero en diferenciarlos de la esquizofrenia. Bien, hurra por Kanner, ¿no? Pues como siempre, si y no.

Resulta que Kanner, para encontrar una génesis al autismo que no dependiera de la esquizofrenia, se sacó de la manga una teoría llamada de las “madres nevera”, aunque el término en realidad lo acuñó Bruno Bettelheim.

¿Las madres nevera producen hijos cubito?Si, algo así era...

¿Las madres nevera producen hijos cubito? Si, algo así era…

Anteriormente a los trabajos de Kanner se creía que los niños que presentaban el antes mencionado cuadro de síntomas padecían un trastorno emocional o bien un retraso intelectivo. Gracias a él se empezó a identificar al autismo como un trastorno separado y en realidad muchos de sus descubrimientos siguen vigentes a día de hoy.

Y ahora que ya he reconocido el gran impacto de sus aportaciones he de decir que no acertó en todo. Es más, parece que la lió bastante con el tema madres. En los primeros años de investigación del trastorno se describe como una afección emocional que se producía por una inadecuada relación afectiva entre el niño y sus padres. Se le llamó teoría de las madres nevera indicando la culpa de los progenitores al ser demasiado distantes, fríos, con su hijo/a. Concretamente parece que se le echaba la culpa a la madre, pues la idea imperante era que la crianza era cosa de ellas…

La teoría decía que este patrón de relación era lo que conducía al menor a desarrollar una personalidad anómala. El origen de la teoría reside en que Kanner la fundamentó en que sus pacientes venían de familias acomodadas, con padres con oficios tales como médicos, periodistas, artistas de éxito, etc. Kanner pensó que estos padres vivían demasiado ajetreadamente y enfrascados en sus profesiones como para tener tiempo para sus hijos.

Lo peor es que como ya hemos dicho la culpa recaía mayormente sobre las madres y se insistió largo tiempo en que estas mujeres no sabían como formar un vínculo de apego con los infantes. Por si no ha quedo claro, todo esto no se ha podido demostrar científicamente (pista: es falso!) y a partir del año 1963 se empieza a asociar el autismo con trastornos neurobiológicos… pero hoy en día aún permanece la teoría de las madres nevera en el “saber” popular.

¡Y eso que el propio Kanner vio en la década de los 50 que la teoría de las madres nevera no se sostenía! Se percató de que los hermanos de niños con autismo, criados con padres “fríos” no tenían normalmente problemas en su conducta y forma de relacionarse con los demás. Por ello escribió el libro “En defensa de las madres” donde intenta paliar el agravio provocado, aunque cabe recordar que el término “madres nevera” ni siquiera era suyo. De hecho ese es el problema, que Kanner supo aceptar su error, pero otros como Bettelheim siguieron blandiendo esta hipótesis (llamarla teoría se me antoja demasiado) pseudocientífica.

Bettelheim en toda su malignidad: Retrato al óleo.

Así que la próxima vez que oigáis a alguien decir sandeces de este calibre, ya tenéis datos suficientes para iluminarlos un poco.

Sobreanálisis I: El anuncio del Sorteo del Gordo de Navidad 2014

Hoy inauguro una sección que pretendo que se convierta en una constante del blog. Se tratará de elegir un tema (película/serie/cosa) y analizarla desde mi enajenado punto de vista. Tenía algunas ideas en mente pero empezaré por el anuncio de la lotería de este año 2014, que bien lo merece:

Seguro que ya todos lo habéis visto y la verdad sea dicha, resulta una clara mejora respecto al del año pasado. No obstante, eso no quita que de este año contengo un horror más serio, profundo y manipulador.

La historia que se nos presenta es bien simple: En Valdepeñas del Chorlito ha caído el gordo, y en el barrio todos andan muy contentos. ¿Todos? ¡No!  Un hogar poblado por el irreductible Manuel resiste todavía y siempre al invasor… El pobre Manu tuvo la desfachatez de no comprar el décimo, siendo el único que se ha quedado sin el tan ansiado dinero. Menos mal que su fiel Antonio el del bar le ha guardado un décimo. Eso es generosidad, si señor.

Hasta aquí todo correcto, ahora pasemos al meollo. Podemos sacar varias conclusiones, siendo la primera que todos los que compraron la lotería son felices, mientras que quién no adquirió el décimo ahora se encuentra llorando de impotencia. Excepto por que esto es una situación tan probable como cuando en cierta película usaron un mosquito y una rana para obtener…

Una ranita, iba caminando, ajá, ajá...

Una ranita, iba caminando, ajá, ajá…

A la mínima que hagamos cálculos veremos que para que toque el premio donde vivimos no hemos de tener suerte, no, hemos de hacer un pacto sacrílego con alguna entidad demoníaca. Y aún que toque cerca, no hay un sólo número en venta, ¡hay centenares en cada zona! Así que el pensamiento de muchos todos los años es el siguiente: es muy difícil que toque, pero si no juego y toca me arrepentiré, así que compro. Y ¿cuál número? Pues uno de cada o incluso un par, no nos dejemos uno y toque ese. Y dile a tu cuñado que trabaja en Oviedo que te traiga otro de allí. Y este tipo de pensamiento este año pretenden acrecentarlo con este anuncio.

Pero espera que ahora se pone peor, pues el segundo mensaje es aún peor. Si somos un Antonio de la vida y tenemos un amigo que no quiere lotería (¡locura!) seguro que le hacemos muy feliz si le guardamos un boleto. Precioso, pero una vez más las probabilidades de que toquen son casi nulas, ¿Qué pasará cuando le diga a mi amigo “Me debes 20 euros” del boleto de lotería”? Seguramente me recordará amablemente que él dijo que no quería lotería y luego nos enzarzaremos en una amable charla discusión.

Si juntamos las dos cosas nos daremos cuenta que como siempre, la gente que ignora la lotería cada año, este seguirá ignorándola seguramente. En cambio la gente que es jugadora, que tiene costumbre de comprarla, o que son influenciables, gracia a este anuncio puede que compre más que nunca, tanto para si como para otros que no la pidieron.

No os lo toméis a mal, no quiero que por mi culpa no compréis el boleto de turno y al final resulta que era el número premiado. Solamente quiero haceros ver, o recordaros, que la publicidad tiene mucha más influencia en el espectador de la que muchos creen.

El Síndrome de Rapunzel

Esta curiosa afección, llamada así por el famoso cuento de los hermanos Grimm, tiene en realidad poco que ver con la historia que todos conocemos. Se trata de un tipo de pica, un grupo de trastornos en la conducta alimentaria en el que se ingieren sustancias no nutritivas.

Rapunzel, obviamente no sufría el trastorno al que dio nombre.

Rapunzel, obviamente no sufría el trastorno al que dio nombre.

En el caso concreto del síndrome de Rapunzel lo que el sujeto devora compulsivamente es su propio pelo. En el ámbito académico recibe el nombre de Tricofagia y sorprendentemente se estima que afecta a uno de cada cien individuos.

Existe además un trastorno similar llamado tricotilomanía, consistente en arrancarse (de cuajo, ouch!) el propio pelo. Esta conducta acaba por provocar entre otras muchas cosas, calvicie crónica.

Se trata en realidad de dos trastornos bastante unidos, ya que un tercio de los sujetos que sufren tricotilomanía acaban por sucumbir también a la tricofagia. Por lo general, estas conductas van de la mano de otros trastornos psíquicos tales como la depresión o la ansiedad, incluso encontraréis estudios que los relacionan con el maltrato psicológico.

Este síndrome no sólo es desagradable, si no que tiene graves consecuencias en la salud de quién lo sufre. De hecho algunos síntomas que pueden advertirnos de que alguien lo está sufriendo son: Dolor abdominal, náuseas y mareos, falta de apetito, vómitos y sangrado o perforación intestinal. Una de las consecuencias más curiosas es la formación de tricobezoares, un tipo especial de bezoar formado por pelos (¡Deteneos, no lo busquéis en Google Imágenes!)

Los Bezoares cáculos (minerales) que se forman en el intestino o estómago de un animal o persona. Antiguamente se creía que servían como antídoto contra el envenenamiento y algo de verdad hay en ello pues curiosamente el tricobezoar puede anular algunos efectos del arsénico.

Así que aquella historia en The Sandman era cierta...

Así que aquella historia en The Sandman era cierta…

Los tricobezoares se forman debido a que el pelo no se digiere demasiado bien (que se lo digan si no a los gatos) de forma que este obstruye las paredes del estómago y los intestinos. Este pelo se va acumulando junto a otros materiales hasta que forma una pelota. Es una suerte que hoy en día un rápido examen médico pueda detectar estas dolencias y extraerlas con relativa facilidad con cirugía.

La empatía de ficción (I)

Aquel que encuentre este blog (cuéntame cómo porque estoy francamente sorprendido) puede que ya sepa que es la disforia. O puede que no. En todo caso dudo que sepa nadie a que viene lo de disforia ancestral, más que nada porque me lo he sacado de la manga, elegido entre otros posibles títulos para el blog, a cada cual peor.

Procedo a explicaros que es eso de disforia. Este término se refiere generalmente a  una emoción desagradable o molesta, como pueden ser la tristeza o la ansiedad. Es el opuesto a la euforia, término con el que estaréis más familiarizados.

También es notable su presencia en todo tipo de trastornos psíquicos, aunque no hace falta padecer uno para sentir un estado disfórico. De hecho podemos asegurar que no hay persona en este planeta que no haya sentido los efectos de alguna emoción disfórica. Y he aquí lo que me interesa del concepto, pues no todo es negativo en lo que a emociones disfóricas se refiere.

Normalmente, podemos intuir como se siente el otro gracias a sus expresiones faciales, entre otras cosas.

Normalmente, podemos intuir como se siente el otro gracias a sus expresiones faciales, entre otras cosas.

Pensemos en las veces que hemos presenciado como otra persona se sentía triste, o tenía miedo. La mayoría de nosotros al momento nos sentimos también mal, vemos reflejado ese sufrimiento en nosotros, al menos si se trata de una persona que nos importe. Como ya sabréis todo tiene que ver con un proceso llamada empatía, que se define como la capacidad para percibir lo que otro individuo siente en un contexto determinado.

La empatía tiene evidentemente su función. Se trata de un poderoso mecanismo que nos cohesiona como grupo. Las sociedades humanas jamás hubieran existido tal y como las conocemos si no hubiera sido por la empatía. Con ella, nos solidarizamos con el prójimo, haciendo de su problema nuestros problemas.

Bien, hasta aquí todo claro, pero ahora añadiremos un nivel más de complejidad. Nuestra sociedad se ha convertido poco a poco en una sociedad comunicada tecnológicamente, lo cual nos lleva a dos efectos curiosos, aunque hoy sólo hablaremos de uno de ellos. El primero es, que al estar comunidades globalmente, podemos empatizar con individuos al otro lado del globo terráqueo. Esto nos pasa cuando vemos catástrofes en la televisión, o se nos recuerda la situación en las zonas más desfavorecidas del mundo.

Pero por si esto fuera poco, ocurre otro fenómeno derivado de la empatía, que si lo pensamos fríamente, resulta de lo más extraño: hablo de la empatía por personajes ficticios.

A la hora de la verdad, resulta que nuestra mente está tan preparada para ello, que sentimos lo que los otros podrían sentir incluso en casos en que somos conscientes de que en realidad ni siquiera existen.  Algunos ejemplos archiconocidos:

Algunos buenos y malos recuerdos.

Y esto nos lleva a esas veces en que odiamos o amamos a personajes de ficción con intensidad tan grande que llegamos a veces a enfadarnos con quienes no piensan como nosotros. En lo que respecta a nuestra percepción emocional, hay personajes ficcticios que son más reales que algunas personas de verdad. Y ese es uno de los temas que voy a ir tratando poco a poco en este blog. Será un pequeño experimento, a ver a donde nos lleva.