Señores con capa que vuelan ¿Por qué nos gustan los superhéroes?

Una de las cosas que marcaron mi infancia y que aún hoy día siguen bastante presentes en mi vida son los cómics de todo tipo. Hoy vengo a hablaros del género superheroico. Hay una cosa que siempre me ha llamado la atención de las historias de superhéroes: ¡Son totalmente ridículas!

No hay otra forma de describir historias sobre personas que ganan poderes al sufrir un accidente, visten con mallas coloridas, calzoncillos por fuera y aún así se hacen respetar.

Si esto no es ridículo yo soy Godzilla.

Y aún así leemos estas historias, o las vemos en la pantalla. ¡Y las disfrutamos! Creo que debe haber una buena razón para ello. En primer lugar está claro que no todos somos lectores de estos cómics y es que para poder serlo creo que debemos estar libres de prejuicios y entender que los cómics pueden llegar a ser bastante serios y con historias excelentemente contadas. Pero todo esto de por sí no parece justificar la horda de lectores que tienen algunos de estos personajes.

Bien, es posible argumentar que las historias de cada personaje son distintas y tienen así mismo un tono diferente, pero también tendréis que admitir que tienen todas ellas algo en común y en mi opinión es ese algo lo que las hace tan populares.

Estoy hablando de la sencillez. ¿Sencillez? os preguntaréis. Pues si, aunque si intentamos hacer una cronología de los eventos de uno sólo de los personajes de una de las grandes compañías nos daremos cuenta de que estos personajes dan más vueltas que un yoyó, en realidad las historias son simples. Simples en comparación al mundo real.

Mejor me explico. Imaginemos alguien “malvado” en el mundo real. Puede ser un traficante de droga, un esclavista, un político corrupto, un asesino en serie… Gente que si te la cruzaras por la calle, seguramente no destacarían (a no ser que sea famoso claro!) entre el resto de viandantes. En cambio los malvados de cómic tienen otro aspecto normalmente…

Ciertamente no es tan distinto de un político.

Para resumir, los villanos de cómic, suelen ser personajes megalómanos, desquiciados, crueles y con planes de conquista mundial. Y se les reconoce fácilmente. Lo mismo pasa con los héroes, supongo que los estadounidenses saben que el tipo que lleva su bandera por traje debe estar de su parte.

Una vez más, se puede argumentar (lo sé) que esto no es siempre así, y esto se debe a que con el paso de los años los guionistas se han visto obligados a elaborar cada más sus tramas para que agraden al público. Pero aún así casi siempre el héroe gana, el villano pierde. Y si, a veces ocurre al revés, pero todos sabemos que cuando spiderman muere sólo hemos de esperar unos cuantos números para que vuelva.

Al final todo queda de la siguiente forma, Lex Luthor no se sale con la suya, el villano se lleva una tunda de Hulk, etc. Decidme cuando fue la última vez que eso pasó en la vida real.

Así que no es sólo que la sencillez se aplique al alineamiento moral de los personajes, si no que la resolución suele ser también directa. No hace falta un juicio, el alien invasor ya ha sido rechazado por Superman.

Otro factor importante es por supuesto la fantasía inalcanzable de los cómics. Estoy seguro de que si habéis leído cómics de superhéroes más de una vez habéis tenido con vuestros amigos una conversación similar a esta:

-¿Si fueras un personaje de cómic, qué poder tendrías?

-¿Y cómo lo usarías?

Y la respuesta dirá mucho de quién responde por cierto. El caso es que creo que todos podemos coincidir en que un mundo donde la gente vuela es más interesante que uno donde todos hemos de andar. Resulta más sencillo vivir en un lugar donde sabes que el tío de la capa está de tu parte, un lugar donde a pesar de que las catástrofes suceden cada cinco minutos, sabes que hay gente buena de verdad.

Todo esto se aplica sobretodo a ciertos personajes… espero poder hablaros de alguno de ellos en breve.

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La empatía de ficción (II): Matanza Animada

Hoy vuelvo para seguir hablando sobre las relaciones que creamos con personajes ficticios, más específicamente de cuando la vida de estos personajes llega a su fin. Pensando sobre el tema, estuve pensando en aquellos personajes de los cuales recordaba más intensamente sus muertes. Es curioso porque la mayoría de ejemplos que me venían a la cabeza eran personajes de animación, así que lógicamente mi primer pensamiento fue que las muertes de estos personajes, al ser presenciadas mayormente en la infancia, son recordadas mejor… Pues no voy a decir que no, pero el caso es que investigando un poco encontré investigación reciente al respecto y los resultados sorprenden.

Por ejemplo, os sorprenderá saber que mueren el doble de personajes en películas animadas que en películas con actores de carne y hueso. ¡Y son asesinados el triple! Obviamente esto es una generalización, así que algunas películas de ciertos géneros suelen mostrar muertes a diestro y siniestro, pero aún así en general hay más muerte en las películas de dibujos.

Mucho se ha recordado la muerte de la madre de Bambi, pero la verdad es que entre películas Disney y animaciones sobre superhéroes, los padres tienen pocas probabilidades de llegar vivos al final. Especial peligro corren las madres de los dibujos, sobretodo en las películas más recientes…

Como niño que creció en los 90, y muchos me comprenderéis, Bambi no es el mejor ejemplo que se me ocurre. Mucho mejor recuerdo por ejemplo a Mufasa cayendo hacia una mortal estampida de ñus. Esta escena es bastante más dramática y explícita que la de la madre de Bambi, ya que en este caso vemos al ejecutor realizando su acto homicida. E incluso siendo un poco más mayor, la escena se vuelve más horrible cuando “entiendes” los motivos por los que Scar actúa…. contra su propio hermano.

La conclusión a la que llegan los autores de una investigación llamada Cartoons Kill es que los largometrajes animados presentan una cantidad similar de violencia a un film adulto promedio. Contando que los niños más pequeños pasan unas 32 horas de media cada semana viendo productos audiovisuales, resulta que están expuestos a mucha más violencia de lo que creen muchos. Esto puede resultar ciertamente traumático, pero no en el sentido de que se conviertan en adultos llenos de miedos e inseguridades, si no en que se insensibilizan a la violencia y creamos adultos… Bueno, ya sabéis como somos la mayoría de adultos.

Violencia, violencia por todas partes!

Bien, no quiero ponerme dramático, así que hablemos mejor de la clase de personaje que mueren, por que es muy distinta. En dos de cada tres películas animadas muere un personaje relevante, en cambio en las películas de adultos los que mueren son más habitualmente personajes poco importantes. ¿Y quienes hay más importantes que los padres? Ellos son los que tienen la diana pintada en la frente en las películas de dibujos. Además tienden a morir pronto, sirviendo como vehículo narrativo para la madurez del personaje. Ahí tenemos a los padres de Tarzán, o a la madre de Nemo (como ya hemos dicho, las madres corren especial peligro, pero de eso hablaremos otro día, pues hay mucho que rascar), en resumen los progenitores tienen cinco veces más posibilidades de no terminar la película en el mundo de la animación. Y ojo, que los padres no son los únicos que mueren más en estas películas, enemigos e incluso niños mueren más a menudo, mientras que en las películas para adultos la parca suele cebarse con el propio protagonista.

Por supuesto, seguro que a algunos les viene a la cabeza aquello de que los dibujos son cada vez más violentos…. ¡Error! El estudio concluye que el nivel de violencia se ha mantenido estable desde que en 1937 se estrenó Blancanieves.

Electrocutada, lanzada por un barranco y aplastada. Walt era más severo que un jurado de Texas.

Sin embargo, pese a todo lo negativo que he dicho, me gusta pensar que en las películas más elaboradas, la muerte es un recurso narrativo tan usado debido a su potencia. El impacto psicológico es tremendo, ya que primero nos hace querer a los personajes y luego nos los arrebata. Crea un sentimiento de pérdida que nos ayuda a empatizar con los personajes que han sufrido esa pérdida, normalmente los protagonistas. Por ello creo que el patrón se ha mantenido constante desde hace tantos años y creo que se mantendrá… excepto por algunos cambios que el dicho patrón está sufriendo últimamente. Pero de esto hablaremos otro día…

La empatía de ficción (I)

Aquel que encuentre este blog (cuéntame cómo porque estoy francamente sorprendido) puede que ya sepa que es la disforia. O puede que no. En todo caso dudo que sepa nadie a que viene lo de disforia ancestral, más que nada porque me lo he sacado de la manga, elegido entre otros posibles títulos para el blog, a cada cual peor.

Procedo a explicaros que es eso de disforia. Este término se refiere generalmente a  una emoción desagradable o molesta, como pueden ser la tristeza o la ansiedad. Es el opuesto a la euforia, término con el que estaréis más familiarizados.

También es notable su presencia en todo tipo de trastornos psíquicos, aunque no hace falta padecer uno para sentir un estado disfórico. De hecho podemos asegurar que no hay persona en este planeta que no haya sentido los efectos de alguna emoción disfórica. Y he aquí lo que me interesa del concepto, pues no todo es negativo en lo que a emociones disfóricas se refiere.

Normalmente, podemos intuir como se siente el otro gracias a sus expresiones faciales, entre otras cosas.

Normalmente, podemos intuir como se siente el otro gracias a sus expresiones faciales, entre otras cosas.

Pensemos en las veces que hemos presenciado como otra persona se sentía triste, o tenía miedo. La mayoría de nosotros al momento nos sentimos también mal, vemos reflejado ese sufrimiento en nosotros, al menos si se trata de una persona que nos importe. Como ya sabréis todo tiene que ver con un proceso llamada empatía, que se define como la capacidad para percibir lo que otro individuo siente en un contexto determinado.

La empatía tiene evidentemente su función. Se trata de un poderoso mecanismo que nos cohesiona como grupo. Las sociedades humanas jamás hubieran existido tal y como las conocemos si no hubiera sido por la empatía. Con ella, nos solidarizamos con el prójimo, haciendo de su problema nuestros problemas.

Bien, hasta aquí todo claro, pero ahora añadiremos un nivel más de complejidad. Nuestra sociedad se ha convertido poco a poco en una sociedad comunicada tecnológicamente, lo cual nos lleva a dos efectos curiosos, aunque hoy sólo hablaremos de uno de ellos. El primero es, que al estar comunidades globalmente, podemos empatizar con individuos al otro lado del globo terráqueo. Esto nos pasa cuando vemos catástrofes en la televisión, o se nos recuerda la situación en las zonas más desfavorecidas del mundo.

Pero por si esto fuera poco, ocurre otro fenómeno derivado de la empatía, que si lo pensamos fríamente, resulta de lo más extraño: hablo de la empatía por personajes ficticios.

A la hora de la verdad, resulta que nuestra mente está tan preparada para ello, que sentimos lo que los otros podrían sentir incluso en casos en que somos conscientes de que en realidad ni siquiera existen.  Algunos ejemplos archiconocidos:

Algunos buenos y malos recuerdos.

Y esto nos lleva a esas veces en que odiamos o amamos a personajes de ficción con intensidad tan grande que llegamos a veces a enfadarnos con quienes no piensan como nosotros. En lo que respecta a nuestra percepción emocional, hay personajes ficcticios que son más reales que algunas personas de verdad. Y ese es uno de los temas que voy a ir tratando poco a poco en este blog. Será un pequeño experimento, a ver a donde nos lleva.